Extendiendo tu plenitud a golpes...
Tengo varios días tratando de procesar todas las ideas que tenía para hacer el siguiente post. Últimamente me resulta la ausencia al escribir como una especie de no escucharme, porque aún con el estilacho Doctorcito, bien terapéutica que me resulta la vaina.
Y es que seguían pasando cosas y yo sin escribir. Sin duda muchas de ellas son el resultado de algo de esfuerzo de mi parte. Pero hablo más del esfuerzo que hago ahora por escucharme, o para ser más justo, el resultado de esforzarme en escuchar con el alma abierta a los demás.
-Tampoco eso de "el alma abierta a los demás", como si estuvieses por la vida en una de escucha empedernida
-Ciertamente. Eso de escuchar con el alma abierta es algo que sólo puedo hacer con pocos.
-A Dios gracias, mijitico!
En cualquier caso, y ante tantas cosas que se resumen como buenas porque me hacen darme cuenta que puedes estar donde quieres, ser quien quisiste ser y hacer lo que soñaste hacer, no cabe duda que hasta abrumado podría sentirme. Pero abrumado por no saber explicarlas o expresarlas. Abrumado porque es rico ese golpe tan poco usual que en lugar de abofetearte con todo lo que no tienes y lo que te falta, te da en la frente igual, para decirte cuánto tienes y qué no te falta, que logra incluso hacerte sentir pleno por un instante que dura sólo un segundo, pero que descubrí que puedes extender y casi hacerlo eterno. No deja de ser un golpe porque igual te quita el aire y te deja con la boca abierta; el detalle está en que nos entrenamos siempre para defendernos de cualquier golpe, no para saber interpretarlos y aceptar aquellos que son buenos... porque hay golpes que sí son buenos. Porque duelan o no, mira si no llegamos a agradecerlos algún día.
Y aquí viene el meollo. Porque creo que el arte de extender ese momento de plenitud que tiene entonces dos variables importantes.
Primero, es clave saber reconocer ese golpe que te hace ver que tienes cosas que siempre quisiste; que ya las tienes y que aprovecha para recordarte que hace rato debías estar trabajando en las que vienen, porque ninguna llegará en dos segundos. Parte del truco de extender la plenitud entonces es trabajar para lograr lo que quieres y nunca dejar de pensar en lo que viene a continuación y que también anhelas. Así, trabajando siempre con el abanico de cosas que están por venir, cuando empiezan a llegar, con algo de suerte, planificación y la lógica de lo que quisiste, estarás en un completo estado de eterna recepción de cosas buenas, por lo que esa "rica plenitud" se te prolonga en el tiempo.
Segundo, no es sólo cuestión de querer las cosas, planificarlas lógicamente y esforzarte para conseguirlas. Creo que parte de la receta viene de la mano con dos virtudes cardinales, que así bautizo yo más o menos porque es mi teoría y aquí -como en mi vida- soy yo el que mando. Esas dos virtudes son la humildad y la coherencia. Sin ellas, mi vida no hubiese cambiado como lo hizo. Sin ellas, no podría entender esos golpes buenos que no son para esquivar, esos que te dicen todo lo que tienes y cuánto has logrado. Sin ellas, no puedes planificar ordenadamente para actuar y con el tiempo comenzar a cosechar. Sin ellas, no puedes escuchar a quien te quiere tocar el alma para decirte en el momento preciso eso que debías entender para cambiar.
-Y si no puedes escuchar, estás jodido.
Es una fórmula perfecta para que sean muchos los golpes que te sigan dejando sin aire, pero con una sonrisa en el alma.
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