Gritos a destiempo

No es la panacea, pero eso de escribir para dejar de escucharme me tiene loco. Siempre vienen ideas, cosas. Siempre quiero estar escribiendo de algo. Como si quisiera documentar todo, pero la verdad es que es tan poco práctico que menos mal que no lo hago.

Lo cómico del asunto es que mientras más escribo, menos dejo de escucharme: abrí el chorro y me gusta. Y digo cómico porque no me parece mal. Es que iba a decir "lo peor es que..." y me pareció injusto.

Hoy me debatía entre terminar de dar un par de gritos bien merecidos porque eso de que no hay tiempo para nada tiene poco sentido. Lo siento así porque es cuestión de organizarte. Parto de la premisa en la que todos tenemos prioridades, responsabilidades. Cosas que quieres hacer y cosas que no. Pero no acepto eso de decir "es que no tengo tiempo para [tal cosa]", porque yo para aceptarlo tiene que venir como "es que no he querido realmente [tal cosa]".

En resumen, me parece que uno puede tener tiempo para todo lo que quiere hacer. Sí, para todo, siempre y cuando efectivamente lo quieras. Claro, uno a veces se traza unas metas que son algo complejas, pero es cuestión de hacer lo que deba hacerse para llegar allí; el camino es por demás incierto pero bien dicen que no importa el destino. A mí sí me faltan las ganas, pero no me falta el tiempo; puede ser que las haga a destiempo, pero eso es otra cosa. El tiempo siempre está allí, jugando en contra porque pasa y no regresa. No te dejes engañar con eso de que no tienes tiempo, vale más la pena que analices qué no quieres hacer y terminar de desecharlo de la lista, porque contamina el resto de una feliz existencia.

Y leo todo esto nuevamente y veo por qué me ha resultado siempre mejor callar un rato y no dar gritos a lo loco. Es que después la angustia me carcome y puede más el arrepentimiento de lo que pudiste haber dicho en mal tono -por más merecido que sea-.

Por tanto, y para no dar mas vueltas, que esta descarga de gritos estilizados y a destiempo sirva para quien crea no tener tiempo de hacer lo que quiere hacer. Que, dicho sea de paso, es peor que no hacer lo que se debe hacer, que se convierte de a ratos en un insulto. No estamos solos, y aunque el tiempo es muy nuestro, resulta compartido a menos que seas un hermitaño. Compartido de horas y minutos, pero también de expectativas con sentimientos.

No debería darte las gracias, pero lo hago porque soy educado. Que bien me sirve tu descuido para recordarme por qué hago las cosas diferentes y trato de ser cuando menos coherente. ¡Y sin preocuparse, que igual no dejo de querer por estas cosas! ...cuando menos no por las primeras trescientas; que si algo te tengo, es paciencia.

-Coño, ¿eso fue contigo?
-No que yo sepa, a mí que me registren
-Sonrisas y aplausos, que es lo que toca!

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