Lo que molesta es darte cuenta que no quieres estarlo...


Quise dejarme de estupideces hace rato, pero de verdad me cuesta más de lo que pude siquiera imaginar.  No entiendo ni siquiera la motivación, cosa que parecía cuando menos estar bastante clara hace algo menos de tiempo. Incertidumbre, de la buena y de la más pura.  Apenas dos minutos de algo que creíste desear y te sentiste tan seguro, que lo demás poco te importó.

Pensaste que lo estabas haciendo bien.  Que todo iba por buen camino.  Y es cierto, visto desde la perspectiva unilateral que pareciera ser lo único que conoces o que estás genuinamente destinado a aplicar.  Pero apenas entendiste que la cosa era recíproca y que no estabas viendo mucho en el carril contrario, quisiste llenar el espacio con aquello de que eres complicado, que tampoco eres perfecto.  Que te relajarías, cuando en realidad siempre esperarías a cambio la llegada de eso que estás dando y que te niegas a aceptar que no vas a recibir.  Fatalista hasta ponerte de mal humor, pero un viso de racionalidad ya era bueno en tu cocina como condimento a todo lo que preparas para tapar los ojos de quién debería estar de todo mucho más claro, es decir .

Complicados, fatalistas, ilusos, inciertos.  Todos lo somos, en mayor o menor grado.  Ya no sabemos qué hay de cierto en aquello de que efectivamente lo que deseas eventualmente aparece.  Digo, que ya sin buscar -y buscando a tientas también- di con algo que tampoco lo era.  Y me sabe tanto a pasado, que me da miedo reconocerlo porque tú y otros acaso más claros también lo dijeron.  Allí entonces mi revelación del día.  Del pasado y del presente, lo único común sigues siendo tú.  Siento el temor, pero esta vez sin el tono de chiste.

Quizás no es que sea un problema.  Quizás es que siempre será así.  Quizás el del problema seas tú.  O bien quizás no hay ningún problema y lo que sucede es que tardaste algunas décadas en darte cuenta.  O bien darte espacio para caer en cuenta, si queremos ser más trágicos.  Porque siempre se puede uno superar, pues basta con leer ahora, que me lo acumulé todo para un texto fantástico.

No tengo mucha idea y bien que se nota, cuando lo primero que hice fue rellenar con un libro, una película y un escrito el rato de soledad que yo mismo quise propiciar, en un intento desesperado por algo de oxígeno, no tanto para mí, sino para quien se supone que es algo de mí que quise que algo más fuera.  Pero no.  Me dio por sentirme solo.  Porque aunque efectivamente estoy solo, lo que molesta es darte cuenta que no quieres estarlo.

Pero déjame tratar de engañarme.  Diría algo como que no… no sentirme solo, sentirme yo.  Rápido contestaría que es mejor dejar ya las sandeces porque eso que pensaste que sería no es tan cierto como pintaba.  Que escribes tú más bonito y a final de cuentas si efectivamente algo recibirás es porque tú mismo lo escribiste.  Es triste cómo te cuesta entender desde temprano las señales, pero cada quien con sus defectos.

Carajo, pero es que en esencia el tuyo es justamente darte cuenta bien tarde de los defectos de los demás. 

Y le doy vueltas, y pienso.  Algo en mi se niega a creer que se trata de problemas o defectos.  Creo que es un tema de ausencias.  Y las ausencias no necesariamente tienen que ser un problema, ni un defecto.  Que me falten cosas que no llegan hasta qué punto son tu culpa? Ninguna, quiero creer.

Quiero creerlo simplemente para no echarte la culpa, y llevarme yo mi cuota de responso por meses de querer cerrar los ojos esperando algo que no llega. Es un lamento, es una queja.  Es todo lo que puedo hacer y muy de manera silente, porque es triste en nuestro contexto que no exista forma de que te lo diga.

Nuestro contexto… aquí otra vez yo adornando cosas que quizás ni existen, porque al fin y al cabo no tengo evidencias y por mucho que yo le eche ganas, queda claro que ni me va, ni me llena. 

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