De los pendientes e inconclusos...

Aunque te molestes más de lo que puedas imaginar, hoy quiero tratar de entender por qué todo lo que quisiera decir tiene que sonar como un reclamo. 


Y el primer paso para poder entender es que no queda en lo absoluto claro si te estoy hablando a ti o me estoy hablando a mí mismo. 


-Suerte con eso... 


Es triste, es complicado.  Yo no sé en qué momento la cosa se puso tan así como ya dije.  No me parece justo en lo absoluto esto de que ahora te callas las cosas porque no hay forma de que suenen bien.  Porque te las callas, justo lo estas haciendo todo peor.  Pero es que muy en serio, basta con abrir la boca para vociferar un reclamo.  Cualquier cosa que diga, hasta preguntar una estupidez, suena a reclamo.  Será el tono o la cantidad de cosas que dejé de decir?  No queda claro, así que quién sabe...


Hay dos asuntos pendientes y por demás inconclusos.  Primero, aquello de pedir. Sí, las reglas claras y tal.  Pero justo cuando tienes la boca abierta esperando recibir y no llega nada, como que comienzas a cuestionarte.  Tienes allí dos opciones: o te callas y esperas porque es feo pedir, o pides y quedas feo.  Salvo mi voto en este punto porque hice ambas.  Ambas, ciertamente. Que ninguna haya funcionado no tiene usos prácticos en mi contexto, por aquello de que a falta de resultados, pues de qué me vale si en realidad debería estar dándome cuenta de otras cosas. Es por eso justamente el segundo asunto inconcluso la rabia que te queda cuando se te ocurre pedir... por lo mal que te sientes y, para hacerlo cíclico a rabiar, por la falta de resultados.


-Que no ha funcionado, ni de una ni de otra
-Ni pidiendo ni sin pedir 
-Qué feo!


Más allá de la crítica -o autocrítica, por aquello de que no sabemos aquí si te hablo o me hablo-, el no encontrar solución es lo que desespera.  Yo no sé a donde apuntar pero siento que sigo esperando a que llegue algo de luz.  


-Momento... miento!


Lo que pasa, lo que de verdad pasa, es que tanto cemento le he puesto a todo esto que ya ni siquiera encuentro el momento para comunicarme.  Y me digo que hay que echarle un cerro...


-Pero otra vez miento, porque siento que ya le echamos un cerro... pero de tierra por encima. 


Siempre creí tener claro que si algo merecía era no tener que pedir.  Y me lo sigo mereciendo, sólo que no logro encontrar la forma de decirlo. 

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