Por la puerta chiquita...
Nadie me
dijo que sería tan difícil tomar decisiones. Fácilmente le hubiese creído a cualquiera que me lo dijera,
porque es muy duro de verdad. Lo
que no me dijeron, pero que no hubiese creído tan fálimente es la sensación de
paz que viene después de tomar una decisión difícil.
Es paradójico,
pero aplica mi entendimiento para muchas situaciones. He tomado buenas y malas decisiones, sin duda. Como todos. Pero lograr reconocer al final del camino esa sensación de
paz, producto de haber tenido el control y haber hecho lo que quise y pensé
correcto, es algo espectacular.
Con
conocimiento de causa puedo hablar.
Porque he tomado decisiones, y me he arrepentido. He tardado en enmendar los errores
también. Me he engañado queriendo
creer que la decisión era correcta.
También me he regocijado al ver que una decisión daba frutos
inesperados. Así que no es por
presumir: que la he cagado y la he pegado también del techo.
Entre las
decisiones más difíciles, está la de seleccionar con quién quieres estar en tu
vida. Y muchos sabemos que basta
con ignorar, con poner distancia… y el efecto es retardado pero seguro. Pero… la decisión más placentera es hacerlo
de manera contundente cuando reconoces algo nocivo en tu entorno. Y aplica esto
para las desgracias humanas que te circundan sentimentalmente, o en tono de
amistad, o en el trabajo.
Mierda
abunda, en todas las dimensiones de la vida. Pero puedes sacarlos, puedes
arrancarlos de raíz.
Yo lo he
hecho. Esto no es un infomercial,
yo no tengo forma de dar una fórmula mágica para lograrlo. A veces es una conversación incómoda
con un mensaje claro. Otras veces
es aprovechar una oportunidad que te da la vida y no dejar el tren pasar. Al final, tomar la decisión de este
tipo es la mayor demosración de amor propio.
Justo
porque me amo, no permito tener cerca de mí a quien no quiero. Tengo el poder de hacerlo y comprendí
que me hace sentir poderoso, más en control. Dueño de mi destino.
Por la
puerta grande, bienvenida sea la gente a mi vida. Pero de manera clara, contundente y sin dudar, sale por la
puerta chiquita la basura, el desperdicio, lo que estorba. Y no es cuestionable la forma en la que
te haga entender que ya no tienes cabida cuando te doy la patada de salida…
porque tampoco cuestiona nadie las fanfarrias y el nivel de entrega cuando de
brazos abiertos te recibo.
Una vez
juntos en el camino, nos pondremos de acuerdo para mantenernos juntos,
creciendo y aprendiendo. Tú, que
me lees: tienes el mismo derecho a sacar a quien tu quieras, no lo ovides. Pero si lees esto y me entiendes, si lo
lees y significa algo para ti, si lo lees y puedes ahora escribirme, es porque
sabes que tienes un pase de por vida y además la prohibición de ver jamás la
puerta chiquita, porque llegaste para quedarte. Eres mi vida, parte de ella y
del tamaño que se nos antoje.
Y sé, con
seguridad y por consecuencia, que yo también estoy en la tuya.
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