Miles de kilómetros después...

Hace rato no me sentía solo. 

Un cúmulo de cosas se me vienen y creo que ha sido la intención de no detenerme a pensar lo que ya me hace conectarme con lo más básico de mi sentir. Como una cebolla auto generada, por un lado quito capas que me hacen ser más auténtico y coherente, pero por otro agrego otras tantas que me hacen volver por un camino distinto al mismo punto. 

Evitemos confusiones. Me siento bien conmigo mismo. Me pongo metas y las alcanzo. Ser independiente, tener un trabajo gratificante, disfrutar a mis amigos y querer a mi familia. Ser coherente conmigo mismo y vivir feliz porque soy yo mismo. Aceptarme y todas esas cosas tienen ya su lugar y su espacio, eso que la madurez tilda como superar tus miedos. O algo muy parecido. 

Pero hoy me siento solo. 

Y me siento solo porque amo a mi familia, pero está lejos. Hace rato que no los veo y se sienten las ganas de estar cerca, porque de este lado del mundo estoy solo. Un fin de semana con mi mejor amigo me hizo sentir que vivo una ilusión de vida extraña porque amaría tenerlo cerca. Verlo cuando se me antoje y no tener que viajar 9 horas en avión. No darle los buenos dias cuando ya terminó de comer. 

Siempre soñé con viajar. Y aquí estoy, miles de kilómetros después, con una capacidad para empacar y sobreponerme al jet lag verdaderamente envidiable. Viajar así te hace literalmente un punto errático en el mapa, pero si prestas atención, puedes observar cómo la gente vive. Como tienen cosas y problemas, igual que tú.  Jode un poco cuando ves que no están solos, que son un poco más estables que tú aunque tengan más o menos dinero, más o menos responsabilidad. 

Creo que me di cuenta de que en la carrera soy capaz de obtener cualquier cosa que quiera. Lo estoy haciendo. Pero me molesta enormemente sentirme solo. 

Aprendí hace rato y a golpes que no necesito estar con cualquiera. Y aprendí también que no tiene nada de malo reconocer que quiero estar con alguien. De eso se trata, eso te aliviana la carga de alguna manera. 

Y claro que me siento solo. Porque me siento así y quiero gritarlo pero debo esperar a después.  Que no me quejo porque soy afortunado: incluso sin necesidad de decirlo, quienes me conocen saben que traigo vainas que me pesan. Pero esto va más allá de la falta de sincronía por el huso horario. Este es mi ejercicio de queja, autocrítica y expresión. 

Así que yo en modo cebolla pretendo que todo está bien y le sigo sonriendo al mundo: aunque esté solo, aunque me sienta sólo, aunque no pueda decir de què país soy residente, porque me he quitado muchas capas de cebolla pero sigo poniéndome otras. En serio siento que vuelvo al mismo punto por un camino distinto. 

Y la verdad, ser consciente del fenómeno, más que madurez, es otro peo. 

Sigo sonriendo, en modo dale que tú puedes. Y creo que es un closet del que debo salir. 




Comentarios

Entradas populares de este blog

[Pedazo de] impostor

Pedazo de reivindicación: Creo en ti (mí)