Pedazo de reconstrucción
Se me pasan los meses a veces sin hacer un alto. Sentarme a reflexionar sobre lo que acontece. Que para reflexionar no hace falta sentarse, lo sé. Pero se me da mejor -graciosamente asumo.
Inicios de Septiembre marca en el calendario el paso de dos meses luego de un gran reencuentro. Dos meses que se apuntan una alta y un baja, como la visa misma, pues. Sin miedo al miedo y sin miedo al orgullo, porque no había más que un sentmiento genuino, he reconectado con una de las fuentes mas hermosas de afecto que he tenido en la vida. Y no puedo decir que no sabía cuánto lo extrañaba o me hacía falta, porque fue justamente eso lo que me hizo poner unas letras juntas para decirlo. Y mira tú que bien. Eso me tiene muy feliz.
A la baja sólo le dedicaré una línea, sin mayores detalles y con un único punto final; no me siento mal al decir que hasta cierto punto siento alivio, en medio de toda la decepción y el asco - pero eso sí: que le vaya muy bien.
En terapia alguien nuevo me revuelve los cimientos, en un momento en el que no me hallo tranquilo por muchas razones. Todo avanza, con un pragmatismo imponente. Miento; no todo avanza. Muchas cosas avanzan con un pragmatismo imponente, cosa que sirve de velo para cubrir y decorar otros aspectos en los que por mucho no hay movimiento. De manera clara mis tres voces se unen para decir que todo está mucho mejor, pero no lo suficiente. Y yo las escucho y las ignoro de manera consciente, actúo en base a ellas o a pesar de ellas, porque eso es lo que es mi vida.
Y que no se entienda esto como queja o necesidad. Hay aún varias capas de miedo y muchas cosas que debo trabajar. El tema de pareja, de estar con alguien, de expresar cariño es algo que está absolutamente vetado. Aunque insista en decir que yo creo que está bien, el punto es que esto consciente. No me veo por ahora en esos menesteres. No quiero: tengo miedo, pánico, una lista larga de razones y excusas. Bastante que pulir, otras piezas que conectar.
Pero estoy consciente y cuando menos sé de qué se trata. Y por dónde debo comenzar.
Expandir mi red. Reconstruir.
Inicios de Septiembre marca en el calendario el paso de dos meses luego de un gran reencuentro. Dos meses que se apuntan una alta y un baja, como la visa misma, pues. Sin miedo al miedo y sin miedo al orgullo, porque no había más que un sentmiento genuino, he reconectado con una de las fuentes mas hermosas de afecto que he tenido en la vida. Y no puedo decir que no sabía cuánto lo extrañaba o me hacía falta, porque fue justamente eso lo que me hizo poner unas letras juntas para decirlo. Y mira tú que bien. Eso me tiene muy feliz.
A la baja sólo le dedicaré una línea, sin mayores detalles y con un único punto final; no me siento mal al decir que hasta cierto punto siento alivio, en medio de toda la decepción y el asco - pero eso sí: que le vaya muy bien.
En terapia alguien nuevo me revuelve los cimientos, en un momento en el que no me hallo tranquilo por muchas razones. Todo avanza, con un pragmatismo imponente. Miento; no todo avanza. Muchas cosas avanzan con un pragmatismo imponente, cosa que sirve de velo para cubrir y decorar otros aspectos en los que por mucho no hay movimiento. De manera clara mis tres voces se unen para decir que todo está mucho mejor, pero no lo suficiente. Y yo las escucho y las ignoro de manera consciente, actúo en base a ellas o a pesar de ellas, porque eso es lo que es mi vida.
Y que no se entienda esto como queja o necesidad. Hay aún varias capas de miedo y muchas cosas que debo trabajar. El tema de pareja, de estar con alguien, de expresar cariño es algo que está absolutamente vetado. Aunque insista en decir que yo creo que está bien, el punto es que esto consciente. No me veo por ahora en esos menesteres. No quiero: tengo miedo, pánico, una lista larga de razones y excusas. Bastante que pulir, otras piezas que conectar.
Pero estoy consciente y cuando menos sé de qué se trata. Y por dónde debo comenzar.
Expandir mi red. Reconstruir.
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