Pedazo de comparación: Mujer contra Mujer

La inspiración viene a raíz de la tarea, algo de insomnio y aunque no resulte fácil de aceptar, la necesidad.  Ciertamente la mente se te puede acercar gracias al título a la homosexualidad, cosa que me parece un subtexto maravilloso porque aún siendo de ellas o para ellas, quiero que tenga algo de ángulo intencional que viene muy de mí. Y con el pun so much intended que celebro ser yo en toda mi genialidad.


Esto del efecto espejo resulta fascinante.  Generalmente el ejercicio es mirar de frente y reconocer en el reflejo aquello que también tienes y por ende te molesta, pero yo hoy para esto me imagino un poco más Velazquez, viendo la obra dentro de la obra, con ellas viéndose al espejo y yo sin querer escapar, por tan sólo un momento - lo suficiente como para hacer mi tarea y comenzar a reconciliar odios compartidos.  Que más bien debería decir animosidad, pero el matiz de drama me ayuda, porque también se me ajusta ante una traducción imperfecta. Porque no las odio, pero me acerco tangencialmente a ello a veces y me propongo hoy escribir un poco de por qué. 


Marta y Marcela, forzando artísticamente M con M, mujer contra mujer. Y maravillosa la musicalización porque honesta y fortuitamente, observo en la letra (ahora yo, cual Velázquez) cosas en el reflejo inicial que me traen una perturbadora paz: 

  • “Dos mujeres que se dan la mano” - porque están más juntas y entretejidas de lo que yo pensaba.  Ambas presentes, casi omnipresentes, que no me dejan ser y que ocupan mucho de mi tiempo y mente.  Sí, porque yo así lo permito y no era tan bueno antes estableciendo límites. Aquí lo complejo es que no puedo arrancarlas, ignorarlas.  Marta y Marcela no sólo están, sino que siempre estarán de alguna manera, indelebles.  Aunque una sin duda por más tiempo (ve tú a saber cuál), ambas se conjugan en forma de cicatrices y tumulto mental, emocional. Que se dan la mano por lo visceral de mis reacciones ante ambas. 
  • “Lo disfrazan de amistad” - porque sé lo que piensan y hablan por detrás de mí.  Lo disfrazan de cordialidad, de tono afable.  Con supuestas intenciones de las más puras y sé que es mentira, cosa que me llena de rabia porque aquí y en contraposición, yo no hago lo mismo.  Quizás por fortuna, aunque pienso si alguna vez lo hice, ahora mi verdad es por convicción.  

  • “No estoy yo por la labor de tirarles la primera piedra” - porque negar que comparto partes del reflejo aunque navego un poco mas desde la cordura y autoconocimiento para nadar a tierra firme.  Y también porque tampoco me corresponde a mí lanzarles piedras; no son mi problema para resolver, más allá de la cuota de responsabilidad que debo yo naturalmente aceptar (¿tolerar, quizás?).  Marta y Marcela tienen un lado oscuro que yo puedo sentir contra mí, pero mi labor de defensa no deber ser contra ellas, sino a favor de mí. 
  • “Y lo que opinen los demás esta de más" - cosa que es totalmente cierta, menos para el trío que yo me monto en la cabeza y que no logro separar a veces.  Yo me lo quiero creer: que lo que opinen los demás está de más, pero es jodido.  Pero resulta también que quitándome yo por un momento, lo que suelen pensar los demás de Marta y de Marcela es que son maravillosas, porque logran construir una narrativa de bondad e inocencia alrededor de ellas que me erode el alma porque es mentira.  Marta y Marcela, ambas víctimas de sus circunstancias y almas que proyectan nobleza en necesidad de ayuda, protección y cuidado. Ese reflejo que muestra como se hacen las víctimas me jode por ellas y me genera un miedo profundo a mí: porque no quiero nunca llegar allí.  Es lo que he visto, es lo que de alguna manera he aprendido, pero es algo que no quiero ejecutar jamás. 

Así las cosas, tanto Marta como Marcela logran poner una ridícula cantidad de esfuerzo e interés en lo que los demás piensan de ellas.  Acepto mi porción del reflejo, pero desde el reconocimiento de que deja de ser así y que eso me da paz y acerca mucho más a la felicidad.  Ahora, por qué me erosiona tanto el alma quizás tiene respuesta en la importancia que yo les pongo y cuánto dejo que me perturben. 


No sé decir si Marta miente más que Marcela, o Marcela más que Marta.  Porque a ambas les conozco lo feo y tengo la fortuna de enterarme de cuánto y cómo mienten, en qué mienten, cómo me mienten a mí, como mienten tratándose de mí.  Se ven reflejadas de manera despiadadamente gemela.  No me salgo yo del todo del espejo, que claro que yo también les miento y miento sobre ellas.  Pero dejar de hacerlo creo que no será una opción razonable, porque ante todo, mi protección. 


Mi maestría de manipulación es un circulo que va desde Marcela a Marta, sin fin; que no sé donde empieza porque es como el huevo y la gallina pero versión colaboración Netflix/Televisa.  Veo cómo manipulan su narrativa, juegan a sus enfermedades desde una hipocondría asquerosa (aunque incierta).  Ponen sus excusas para no lograr, para no hacer.  Para dejarse, para depender.  Para hacer que los demás hagan.  Que ante la incertidumbre han decidido dejar de hacer y un poco más manipular, aprovecharse. Igual no quiero mentir y debo decir que Marta y Marcela tienen matices de inteligencia y han logrado muchas cosas en su recorrido.  Ese mérito está (¿estuvo?), pero lo tiño yo de negro porque veo la inhabilidad de sincerarse y decir que no pueden o mejor, que no quieren; diciendo en su lugar que no entienden, o peor aún, triangulando por fuera de la historia que me cuentan a mí.  Y sí, en algo me he visto allí y desde el coraje digo: que yo sí he buscado ayuda, coherencia, y paz.  Entiendo el reflejo pasado en mí, pero no lo reconozco como algo mío ya.  


Marcela y Marta, en mujer contra mujer, con un manejo de la culpa maravilloso.  Tanto Marta como Marcela logran de maneja experta siempre poner la culpa en lo externo.  Afuera, más allá de ellas.  Quién lo hace más de las dos, no lo sé: y quizás por eso se me hacen de sabor tan igual.  Pero lo que sí se es que ambas logran en su narrativa hacerme el culpable o hacerme sentir culpable.  Y esto me escoñeta profundamente.  Porque mi reacción ante la culpa es muy visceral.  Quizás porque aun tengo tatuado que absorber culpa, actuar con, por y gracias a la culpa.  Cosas de mi formación católica que aún me pesan, pero a Marta y a Marcela que se vayan a la mierda y yo un poco más de aceite para cubrirme y que me resbale.  Hacerme inerte a la culpa, a su culpa en manto de manipulación.  No es que yo juegue a hacer gente sentirse culpable, sino el efecto nocivo que tiene entender cuando lo hacen conmigo.  Cuando lo hacen ellas, cada una a su tiempo, conmigo. 


Y en contraposición a la culpa, o quizás más de la mano que lo que yo pensaba, la forma en la que tanto Marta como Marcela me hacen sentir responsables de ellas, de sus desgracias e inventos, de las desafortunadas circunstancias que las aquejan.  Responsables de resolverles la vida, de decir qué hacer, de siempre proveer.  Ya sea dinero, respuestas, soluciones.  Mi reacción visceral al reflejo compartido es quizás que yo no tengo a nadie que lo haga por mi… pero con el corazón en la mano puedo decir que lo que siento que sí es verdad es que finalmente reacciono al hecho de que no es mi responsabilidad, que no es ciertamente mi problema.  Y que lo hagan mío, a través de manipulación, me saca de quicio. 


Y así esta foto, esta pintura. Celebremos por un momento de lucidez: que por lo parecidas que terminan siendo, de la sorpresa me llevo que quizás la solución, aunque no en combo, muy asíncrona y con tonalidad diferenciada, será muy seguramente la misma.  


¿Quién detiene palomas al vuelo? 

Volando a ras del suelo, 

así me habrán de ver.   

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