Ante todo, buen humor...

Hoy de repente me puse serio. Pero no serio malhumorado, sino serio de pensativo, analizando algunas cosas en frío.

Ví muy claro que bien vale la pena soltar el lastre de los prejuicios que de a ratos te impiden acercarte a una persona. Hay momentos que marcan un hito en la construcción de una relación: una conversación especial, sentirse libre después de un par de copas de vino, una caricia o un beso, descubrir que compartes algo que antes ignorabas, un detalle inesperado, un gesto de cariño y también unas lágrimas por alguna razón.

Azorado porque tenía poco tiempo para mi tarea, hoy me topé con un momento emotivo y unas lágrimas que me conmovieron infinitamente. No era sencilla la situación porque no había nada que pudiera hacer para remediar el llanto casi sllente: extrañas hoy a quien mañana cumple años de haberse ido. Sentí lo pequeños somos como seres humanos y me permití tratar de hacerte entender tres cosas: que no hay nada que podamos hacer, que también yo extraño a alguien que se fue y que la solidaridad es una de las cualidades más nobles que podemos demostrar.

Si, somos complejos los seres humanos. Me sentí bien contándote que yo también estoy triste porque se me acerca a mí esa fecha. Que también traté de hacer en su momento cuanto pude pero que no fue posible. Entendí que ambos extrañamos a rabiar y que, mientras peleamos para hacer las cosas bien en otro plano -ese que inicialmente nos conecta-, en otro plano nos sentimos pequeños y que echamos tierra para pretender que todo está bien.

Yo vivo con mis miedos. Recientemente los reconozco, porque estoy harto de tanta negación. Pero también vivo con el sentimiento de no tener cerca a alguien que ya no puede estar... no puedo montarme en un avión para echarme a ver una película con mi papanatas, mi persona favorita del planeta. Y eso no cambiará, pero uno puede aprender y tratar de ser mejor.

Por eso, con tanta prosa y quizás tan poca utilidad, siento que es justo decir que la falta de quienes no están debe servir para disfrutar plenamente a quienes sí están. En ocasiones con un amargo balance entre la presencia y la ausencia o distancia, pero con el sentimiento genuino por delante y conscientes de que estamos en esta vida para ser grandes y disfrutar.

Para los problemas, siempre pon el mejor de los humores, por eso grito ante todo buen humor. Pero los espacios rellénalos con amor, en cualquiera de sus infinitas formas. Hace la carga mucho más ligera y el viaje puede ser pleno, como se supone que debe ser.

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