Saliendo por planta baja a la derecha...
Hoy parte del ejercicio me llevó en el tiempo a la época en la que vivíamos en San Bernardino. Yo era pequeño, pero tengo muchos recuerdos. Era un edificio mínimo, muy viejo. Era de tres pisos y no tenia ascensor. Recuerdo muchas cosas, pero lo más arrecho era la conseje. Sí, la conserje.
-Agárrate, que hoy viene intenso
Como no había ascensor y vivíamos en el segundo piso, salir era un proceso. A mi papá le molestaban dos cosas: que se nos olvidara algo y encontrarnos con la conserje. Como a él le tocaba regresarse siempre que se nos olvidaba algo, se aseguraba antes de salir. Pero lo que de verdad le reventaba a mi querido gallego padre era la conserje. Gritaba incluso al frente de ella: “-Es una chismosa de mierda! No tiene nada que hacer!”.
-La diplomacia la heredaste de tu madre
-Yeah… and the world peace too!
Y aunque la conserje tenía bastante que hacer, se las arreglaba para siempre estar en la puerta, cual vigilante. Creo que teníamos la dicha de tener una conserje-vigilante y no lo sabíamos. Sólo sé que mi papá se quejaba amargamente.
Pero mi nunca bien ponderado padre era sabio de a ratos. En realidad esporádicamente, pero realmente brillante cuando se le alineaban los planetas. Con la conserje, no logro determinar si tenía razón. Aunque lograba hacer su trabajo –todo brillante a su paso-, dedicaba enormes cantidades de tiempo al chisme, que era como el lubricante del motor. Me intriga el tema.
Yo me pregunto ahora si es que mi papá se molestaba porque no era parte del chisme o porque hablaban también de él. Vivir en la ignoracia tiene sus ventajas, aunque puedo inferir que antes de abrir la puerta tienes que estar seguro de que la conserje no está, o que cuando menos, no te molesta su presencia... o que te gusta el chisme y estás listo para él.
Debo tener cuidado porque aunque no sé si me terminará molestando o no, cargo con los genes de mi padre y no me llevo bien con las escobas.
-Coño! Mira que se nos puso intenso el gallego!
-Púyalo, que va en bajada… De repente suelta algo más.
-Creo que está cagado porque abrió la puerta.
-De eso no hay duda… y es obvio que ignoraba que existían Convenciones de Conserjería
-Agárrate, que hoy viene intenso
Como no había ascensor y vivíamos en el segundo piso, salir era un proceso. A mi papá le molestaban dos cosas: que se nos olvidara algo y encontrarnos con la conserje. Como a él le tocaba regresarse siempre que se nos olvidaba algo, se aseguraba antes de salir. Pero lo que de verdad le reventaba a mi querido gallego padre era la conserje. Gritaba incluso al frente de ella: “-Es una chismosa de mierda! No tiene nada que hacer!”.
-La diplomacia la heredaste de tu madre
-Yeah… and the world peace too!
Y aunque la conserje tenía bastante que hacer, se las arreglaba para siempre estar en la puerta, cual vigilante. Creo que teníamos la dicha de tener una conserje-vigilante y no lo sabíamos. Sólo sé que mi papá se quejaba amargamente.
Pero mi nunca bien ponderado padre era sabio de a ratos. En realidad esporádicamente, pero realmente brillante cuando se le alineaban los planetas. Con la conserje, no logro determinar si tenía razón. Aunque lograba hacer su trabajo –todo brillante a su paso-, dedicaba enormes cantidades de tiempo al chisme, que era como el lubricante del motor. Me intriga el tema.
Yo me pregunto ahora si es que mi papá se molestaba porque no era parte del chisme o porque hablaban también de él. Vivir en la ignoracia tiene sus ventajas, aunque puedo inferir que antes de abrir la puerta tienes que estar seguro de que la conserje no está, o que cuando menos, no te molesta su presencia... o que te gusta el chisme y estás listo para él.
Debo tener cuidado porque aunque no sé si me terminará molestando o no, cargo con los genes de mi padre y no me llevo bien con las escobas.
-Coño! Mira que se nos puso intenso el gallego!
-Púyalo, que va en bajada… De repente suelta algo más.
-Creo que está cagado porque abrió la puerta.
-De eso no hay duda… y es obvio que ignoraba que existían Convenciones de Conserjería
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