Pedazo 5: La culpa
Quizás uno de los temas más complicados, por dos razones. Haberme sentido culpable por todo lo que pasó, sin duda. Pero sentirme culpable por haber metido la pata y cagarme temporalmente la vida de manera monumental, más aún.
Lograr perdonarme: meses. Lograr perdonar: mucho más. ¿Me puede repetir la pregunta?
Queda claro que la culpa es ciertamente compartida; ni golpes de pecho, ni inquisición. Que yo insistí en echarme toda la culpa innecesariamente es mi problema, que además está en los elementos de mi naturaleza que trato de evolucionar en esta vida.
Convicción en ambos extremos de la novela. Yo sé que hice todo lo que en mis manos estuvo antes de darme con la pared y que estaba entregando mi vida -lcoño, pero literalmente. Y después hacia el extremo final, otro tanto también. De esas cosas que nadie sabrá, pero que a mí me basta con recordar y que hace las veces de sal en las heridas.
Tratando de entender qué me pasaba, comprendí que mi sentimiento de culpa tenía su origen en no haber prestado atención a las alertas que ya en pedazos anteriores reconocí que siempre supe que estuvieron allí. Porque pretender buscarla en el dolor del fracaso y tan vil traición se contrapone a la verdadera esencia y naturaleza de quien ciegamente tardé en descubrir.
Es por ello que ya no me siento culpable de haber enviado de vuelta la basura a su lugar de origen, y esto en todos los posibles aspectos de la frase. E irónicamente con más de la cuenta, generosidad que viene del lado de la familia que tanto odio oculto generó. Como para dar las gracias después de todo.
Aprendí que odio sentirme culpable, pero que cuando me pasa lo acumulo en cantidades industriales. También que me engaño mientras el sentimiento me consume. Pero que me domina la culpa que aunque de otros yo me impongo.
Y que la voy a seguir cagando. Y que al primero que tengo que perdonar es a mí.
Lograr perdonarme: meses. Lograr perdonar: mucho más. ¿Me puede repetir la pregunta?
Queda claro que la culpa es ciertamente compartida; ni golpes de pecho, ni inquisición. Que yo insistí en echarme toda la culpa innecesariamente es mi problema, que además está en los elementos de mi naturaleza que trato de evolucionar en esta vida.
Convicción en ambos extremos de la novela. Yo sé que hice todo lo que en mis manos estuvo antes de darme con la pared y que estaba entregando mi vida -lcoño, pero literalmente. Y después hacia el extremo final, otro tanto también. De esas cosas que nadie sabrá, pero que a mí me basta con recordar y que hace las veces de sal en las heridas.
Tratando de entender qué me pasaba, comprendí que mi sentimiento de culpa tenía su origen en no haber prestado atención a las alertas que ya en pedazos anteriores reconocí que siempre supe que estuvieron allí. Porque pretender buscarla en el dolor del fracaso y tan vil traición se contrapone a la verdadera esencia y naturaleza de quien ciegamente tardé en descubrir.
Es por ello que ya no me siento culpable de haber enviado de vuelta la basura a su lugar de origen, y esto en todos los posibles aspectos de la frase. E irónicamente con más de la cuenta, generosidad que viene del lado de la familia que tanto odio oculto generó. Como para dar las gracias después de todo.
Aprendí que odio sentirme culpable, pero que cuando me pasa lo acumulo en cantidades industriales. También que me engaño mientras el sentimiento me consume. Pero que me domina la culpa que aunque de otros yo me impongo.
Y que la voy a seguir cagando. Y que al primero que tengo que perdonar es a mí.
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