La tarea: de la luz y otros menesteres...

(preludio)
    -Me mandaron tarea.
    -Creo que más bien me la reactivaron, porque como muchas cosas en el plano sentimental, era asignatura pendiente.
    -Aquello de que no me vea de manera tan rígida.  El ejercicio de la compasión, la autocompasión.
    -No sé por donde empezar.  Lo único que sé es como darle vueltas, cómo no empezarlo.  Exactamente lo que en 4 líneas vengo haciendo.
    -Coño, basta ya.

§§§

Tengo a la mano la lista de cosas que deberían activar el mecanismo de la reflexión: que sin necesidad de ser iluso, ver el lado positivo de mis errores, es la tarea en cuestión.

Mi problema, tal como lo veo hoy, no es mi capacidad absurda de amar, ni mi entrega estúpidamente ciega, ni la habilidad para desdoblarme y con toda la devoción entregarle mi ser a alguien.

Mi problema es que espero a cambio lo mismo, sin decirlo, sin saber como expresarlo y ocultándolo como si se tratara de algo que en lo más mínimo me impactara.  Sintiendo que de alguna manera sólo porque yo estoy en capacidad de darlo todo, ese a quien yo amo debería estar en igualdad de condición y voluntad de hacerlo por mí y para mí. Que no es que esté mal, yo así lo espero y lo quiero; digamos que expresarlo abiertamente es una reciente añadidura a mi intelecto.

Y como han sido más las veces que no he recibido, entonces mi problema es que le subo a la intensidad, a ver si se da cuenta, a ver si de pronto me da un poquito.  Esa necesidad de cariño, no porque simplemente me lo merezca sino porque yo de mil amores lo espero solamente porque estoy en condición de darlo sin hacer algo inteligente al respecto ha sido indudablemente mi perdición.

No creo en el amor perfecto, ni tampoco así lo espero.  Creo en la infinita capacidad del perdón, la verdadera reconciliación, el aprender y ser mejor, justamente porque hay errores.  Creo en el espacio, en el respeto y la confianza.  Creo en la necesidad de estar, saber estar, dejar y saber dejar. Creo en el balance, en el regocijo de sentir que vale la pena entregarte porque aún siendo vulnerable, te da fuerzas, ganas de vivir y ser mejor ese alguien.   Creo en la fidelidad, en la ausencia de la mentira, en la complicidad, la entrega plena sin condición, en esa conexión y amistad incondicional que te hace todo más liviano aunque existan momentos de asincronía; que justamente al superarlos te demuestran que vale la pena todo el esfuerzo.

Si la solución es saber ser egoísta, entonces yo no debería jugar y entendería por qué ha sido todo tan difícil para mí. Yo sólo he sido egoísta cuando después de mucho dar y nada recibir, se activa el mecanismo de autoprotección que me desprende de todo -incluso de mis sentimientos-, para poder seguir adelante.

A mí el amor se me ha dado como una dura lección de aquellas cosas que no puedes hacer, pero que aprendes después de que metiste la pata.  Quizás el único ámbito de mi vida donde me he permitido ser imprudente tratando de ser genuino; porque fueron años de pretender y ser ante todo prudente, porque me resultaba más fácil eso que tener el valor de hacer lo que era mejor para mí.  Y esa imprudencia ha hecho que cada vez que percibo que algo de cariño está presente, actúo como si me llega un poquito de luz a las esquinas del cuarto que nunca se ilumina, a tientas abro las ventanas, haciendo todo lo posible para ver si con toda la luz que anhelo me encandilo, porque lo que quiero es eso: que me dejen ciego de tanta luz, de tanto amor.  Mi error es pensar que con un poco de luz, al comenzar a distinguir las esquinas de ese cuarto siempre oscuro, ha llegado la persona ideal. 

No niego que esos pocos visos de luz me han iluminado un poco ese cuarto oscuro y me han permitido verlo, entenderlo, conocerlo.  Que aunque con luz fugaz me he sentido feliz -o he sentido erróneamente que sentía verdadera felicidad.   Yo quisiera que alguien me lo ilumine, por supuesto.  Pero quiero también ser realista: no quiero el sol ni las estrellas, que deslumbran o encandilan pero por un rato o de a ratos, y dependiendo del ángulo que me miren.   Yo quiero algo imperfecto pero balanceado y que me llene de luz siempre el cuarto y así la vida: alguien que sea mi lámpara, mi linterna, mi vela, mi claraboya, mi ventana y mi estrella.

       Mi lámpara, que en las noches me ayude a seguir viendo,
       Mi linterna, porque a veces necesito luz para las emergencias o la aventura,
       Mi vela, porque lo simple es bello, romántico y también quiero calor,
       Mi claraboya, porque hay arriba una luz divina que debe también dejarse entrar,
       Mi ventana, que me ilumine la vida y deje entrar toda la luz que como el sol me quiera dar,
       Mi estrella, porque siempre necesito un norte y algo que me haga crecer y hacerme soñar.

Que yo para quien lo valga seré todo eso, que tengo amor y luz para iluminar de todas las maneras posibles también.  Que entiendo que no siempre ese cuarto mío habrá de brillar como el sol, pero que nunca más falte la luz ni me sienta yo a tientas, así como transito hoy por los rincones de ese cuarto escaso de luz que es mi corazón.

Prometo entonces no dejar que cualquier destello me haga pensar que ha llegado la luz a mi vida. Porque no sólo la ausencia de luz duele, sino también destroza que quieran apagarte la tuya y dejarte en penumbras, todo por maldad.

§§§

No niego que por más golpes que haya recibido, en el fondo y siempre con miedo, sigue la esperanza, el querer seguir buscando, no quedarme solo, no quedarme sin amar, no vivir sin sentirme amado.  Con algo de madurez ya no me desespero, pero entiendo y hasta acepto que es posible que sea algo que jamás llegará.

Pero si algún día siento que he encontrado nuevamente ese amor en el que creo, la luz plena y continua con calor de verdad, yo quiero que lea esto, conmigo, tomando una copa de vino y entendiendo que una vez más decidí entregar mi alma, mi vida y dejar la armadura en la puerta.

Porque con el corazón iluminado de verdad, me resultan infinitas las ganas de amar.



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