Del frío, la soledad y otros menesteres...

El frío al salir de la ducha te hace evidente que no acostumbrabas secarte bien. Pero el frío del bueno, no el pacheco del que me quejaba en Caracas. Y aunque no pongo en duda que me baño bien por lo aplicado que soy, rápidamente me di cuenta que mi técnica de secado luego de la ducha no era la mejor... porque esas zonas que descuidas, te las recuerda repentinamente la extraña incomodidad del frío.

Y casi sin ánimos de entrar en una de metáforas, creo que el frío y la soledad tienen esa cualidad en común. Cuando pega el frío, sabes dónde te faltó secarte. Y cuando estás solo, sabes dónde te falta algo ...aunque es un proceso bastante más complejo.

Este post no es para nada melancólico ni tristón. Por el contrario, es un simple reconocimiento algo extraño de que vivir solo pone en evidencia cosas de las que antes no te percatabas. La soledad tiene varias aristas, a las que hay que perderle el miedo y saberlas enfrentar.

Así que ahí van dos cosas importantes para este viernes por la noche. Y voy con el frio, la toalla, la soledad y la compañía casi de manera indistinta, porque se me hacen parecidas todas ellas.

Primero, el hecho de que tengas una toalla, no garantiza que salgas de la ducha sin frío. Por más grande, hermosa, felpuda y absorbente que sea tu toalla, puedes congelarte de la manera más alevosa; con un trapito pequeño podrías salir bien. Segundo, la forma en la que te secas, puede perfectamente salvarte del frío: saber dónde y cómo te secas hace la diferencia. Yo me imagino que existen maestros del secado con toallas viejitas que saben bien cómo hacerlo y por eso se evitan muchos otros problemas.

-Puesto en cristiano, sí, necesitas una toalla, no hay duda. Pero tambien necesitas aprender a usarla.

Para efectos de la soledad, entendida bajo el símil del frío, efectivamente necesitas una "toalla" para secarte, pero irremediablemente necesitas aprender a secarte. Así como la solución al frío es tener la toalla, saberla usar y dónde secarte... cuando estás solo necesitas compañía, pero debes saber cuándo, cómo y para qué la buscas. No te sirve cualquier toalla, así como no te sirve cualquier compañía. Y no te sirve cualquier toalla si no sabes dónde y cómo secarte, así como no te sirve la compañía si no te conoces... y no conoces bien a tu toalla.

¿Llegará el día en que no me sienta solo? Puede que sí, pero debo procurar dos cosas: tener una toalla adecuada (que conozca y sepa usar) y saber secarme bien (entender y conocer mis recovecos, para secar donde y cuando haga falta).

Con algo de suerte, podré conseguir toalla (aunque no sea perfecta) y no querer cambiarla más. Entre tanto, el frío -o la soledad- me hacen descubrir cosas nuevas de mí que antes ignoraba. Yo llenándome la boca con cien virtudes, tres defectos y un supuesto conocimiento pleno de mí mismo que no es tal.

-Tan engañado!
-Tú como que tienes frío.
-Sí, eso sí que te lo tengo completico.

Comentarios

Entradas populares de este blog

[Pedazo de] impostor

Pedazo de reivindicación: Creo en ti (mí)