El mundo es un pañuelo...

...pero un pañuelo a veces lleno de mocos.

Y Facebook es una vaina muy arrecha, porque en tres nanonésimas te reactiva cualquier miedo a niveles insospechados. Yo que ando con el peo de las botanas, que si quiero probar, que si tal o cual restaurant. Pura paja, a la luz de que se me olvida la existencia de comensales con los que eventualmente compartiste mesa y que sencillamente no quieres volver a ver. Comensales que no querías siquiera reconocer que existían.

La madre que los parió a todos, coño. Y no sé si me hace falta deliberar sobre dos temas que podrían haberme preparado para esto. Pero igual lo voy a hacer.

Primero, los seis grados de separación. Si estoy a 6 eslabones de Sandra o de Ryan, sigo estando a seis de Ilan, de Yuyito o del Voldemort que metí debajo de la alfombra porque la vida continúa. Importante reconocer que no estoy hablando de odio. Es miedo, simplemente miedo. Pánico, porque me sentía tranquilo hasta ahora. Pero es que la decisión de venirme a México hacen los seis grados algo como dos por todo lo que vi, y más cuando comparto con Voldemort un mismo segmento de mercado, aún con 10 años de retraso o inversión en Portafolio errado, si te parece mejor.

Segundo, diez años y algo de terapia pueden no ser suficientes. Coño de la madre, me cuesta admitirlo, pero aunque no hay odio, el sentimiento de ver algunas fotos y una posible conexión son algo que no esperaba enfrentar. Y eso que ya tengo bien aprendida la versión de tres minutos y cuarenta segundos que resume el episodio con todos sus bemoles, de la que no salgo como héroe pero que me propone como reconciliado con la vida y listo para lo que venga. El auténtico yo que va con todo y el ante todo buen humor bien alto en la frente, a una altura de metro-noventa, esa que Dios me dio.

Me repito a mi mismo que no debería importarme. Escribo esto y sé que no pasará mucho antes de que compruebe que todo va a estar bien. Pero ahora me siento aterrado y me niego a pensar siquiera pasar por su pensamiento, más de lo que todos y cada uno de los días me sucede a mí. Tanto reconocimiento me despoja de la coraza, pero veo que soy humano y que puedo sentir pánico genuino, del que siempre evité pero que hoy se me hizo presente en colores, en cien fotos y a menos grados de separación de los que pude imaginar... o siquiera desear.

Tan bonito que se veía el pañuelo, carajo.

Ya me llegará el momento de ponerme los pantalones y convencerme que todo estará bien. Cabe decir que los tres estamos cagados al unísono, por lo que hablo únicamente yo con los otros dos trastabillando y haciéndole más caso a Desperate Housewives, quizás porque combina mejor con el nuevo color de la sala, que nos acompaña en la fatídica noche en la que un wall de Facebook lleno de felicitaciones de una red infinita y desconocida me lleva de vuelta al As long as you love me del que pensé estar completamente recuperado.


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