Scrapbook reloaded...
Me sentí orgulloso porque me dije a mi mismo: "Aquí, para que las cosas sucedan, tienes que hacerlas tú mismo". El orgullo seguro me venía por el reconocimiento de que ahora que vivo solo, soy el único que hace las cosas en casa y resuelve problemas -excepto Kathy, que resuelve el problema de lavar la ropa y tener la casa limpia-.
Y así, con el ánimo de hacer que las cosas sucedan, me di a la tarea de retomar uno de los pendientes heredados de Caracas: un álbum con recuerdos varios, de esos que me costaba desprenderme y que algún día pondría en orden. Fotos, tarjetas, entradas de cine, pases de abordar, boletos de tren, entradas a conciertos, páginas de agendas, postales... un cúmulo de cosas que al verlas me evocan mil recuerdos. Pues me puse a trabajar en organizarlas, por época, por eventos. Unos mezclados porque quedan mejor juntos. Otros separados por ser especiales.
Y no terminé revuelto, aunque alguna lágrima solté. En especial una tarjeta que me hizo Fabián cuando me gradué de la universidad. Hermosa, sin palabras para decir lo especial que es. Y es impresionante darme cuenta ahora que está hecha en una cartulina naranja, mira tú que detalle.
Darme cuenta de tantas cosas que he hecho, tantos momentos, tantos logros, me puso a pensar. Y quise hacer del episodio algo especial y escribirlo porque es injusto construir un álbum de este estilo y darte cuenta que hay muchas cosas que faltan. Faltan personas especiales que no figuran. Faltan momentos importantes que sencillamente no están allí porque no existe un trozo de papel que pegar. Faltan en el álbum, pero no en mi corazón.
Y mi orgullo ante la realización de hacer que las cosas sucedan terminó convirtiéndose en una necesidad de agradecer a todos los que han dedicado vida a mi vida, por ponerlo de manera especial.
Y la lista podría ser eterna, así como eterna es la actividad de querer recordar todo lo que has vivido. Pero bien vale la pena hacer un pequeño registro de los faltantes en la mudanza de recuerdos al álbum.
Aunque tengo las entradas de Laura en San Siro, es injusto no recordar cómo me enamoré de su voz en el 96. Fui a su concierto y la amé; podría tanto tener esa entrada!Mi capítulo de la Simón queda claro, pero la Metro y la Católica estuvieron en la lista. Con orgullo podría conservar esas cartas de aceptación que tanto celebré.No tengo nada de Cristian. Y a él le agradezco que un ensayo escrito por mí haya sido publicado en un libro.Es difícil porque no tendría que poner de ella, pero queda por fuera Doris. Mi secretaria favorita, mi cómplice de meriendas y chismes universitarios. La artífice de mi Barra Pepsi en mi graduación de la Simón.Docenas de cartas de amor, aunque puedan ser pavosas y quizás alboroten el feng shui de a ratos. Vamos a estar claros: son parte importante de la vida de uno y no está bien echarlas al olvido.Algo que me recuerde los carros que he tenido, también falta: creo que sigo siendo igual de niño cuando tengo uno nuevo. Eso no cambia, y recordar al Camry, a la Cherokee, a la Merú y por último a Lola, la Cherokee fancy, es justo y necesario. Mi nuevo Cruze aún no tiene nombre, pero podría llamarlo Glee.El viaje al Capanaparo. Hay fotos, pero no figura nada en este álbum. Lo recuerdo y sonrío con el alma. Que lindo viaje!Me falta Maureen, Maureencita. Una pureza de alma y una ingenuidad que me dejó claro que también puedes adorar a la novia de un amigo.Me falta Giuseppe, y mucho. Giuseppe mi frenchu, the one and only. Por ejemplo, sería justo llenar una página con entradas de cine que me recordarían el placer de compartir con un amigo de verdad aquello de la vida plena porque sabes que tienes un verdadero amigo. Me tranquiliza en este caso saber que por ahí viene la entrada al segundo concierto de Kylie y que aún quedan páginas y momentos juntos para agregar.Sería justo dedicar una página a mis ahijados. Y en esa página, una foto de mi padrino, que esté donde esté, sabe que es infinitamente especial para mí.Eché también en falta a la gente del IESA, en especial a Rosita. No sabría qué poner... aunque quizás cualquier paper con una carita feliz -tan típico de ella- podría bastar para recordar dos años de academia intensa.
Ya sé que podría salir corriendo a imprimir fotos y llenar la línea de tiempo... pero el álbum es el reflejo de las cosas que se quedaron porque no me pude desprender. Por desordenado o por cursi, pero se quedaron y hoy están en estas páginas. Seguramente iré recordando momentos y personas. Pero en honor a mis ganas de hacer que las cosas sucedan, va esta nota de reconocimiento interno: no hay mejor álbum que uno mismo. Yo guardo en mí todo lo que no está en estas páginas que ordené hoy. Y soy yo quien no debe olvidarlas, pero sí agradecer y recordar, con cariño infinito, todo lo que cuenta en mi haber.
Porque en realidad, viéndolo así no faltan cosas. Todas ellas están. Aquí conmigo, aunque no en el álbum.
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