Push the button...
Cerré los ojos y repetía en mi mente: "please don't say anything, please don't say anything". Afortunadamente no dijo nada. Y yo, aún con los ojos cerrados, entendí que aunque atípico e inesperado, estaba ante una situación similar a las ya tan conocidas, pero en el extremo opuesto. Igual de incómodo, a decir verdad.
Sólo sé que en cualquier caso, tampoco es justo para mí. No es lo que quiero y debo darle al botoncito, ese que dice "next". Me acobardé por razones que en ese momento sonaban convincentes. Me parecía una ratada decir yo algo cuando lo que quería era que pasara el momento, porque de todos los momentos posibles, éste era irracionalmente inapropiado. Cuando menos, eso quiero creer.
Coño, es que es difícil!
Y así fue que transcurrió uno de los instantes que marcó el inicio del final de la velada. Aquí hoy se concluye que Facundo está arrechísimo y Fabrizio sigue tratando de entender de qué lado ponerse, porque es el idiota que siempre le suma altruismo a la ecuación, que parece estarse dando cuenta. Finalmente.
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