No, no soy coherente...

Me di varios días para tratar de entender un par de cosas.  No logré entender mucho, pero sin duda algo avancé.  

Si de corazón algo quiero, es lograr ser coherente.  Tomar una decisión y comprometerme con ella, como tantas veces me lo has dicho.  Pero cuesta, cuesta horrores.  Y la verdad me duele otro tanto.  

Decidí finalmente darme permiso para mostrar que es naturalmente normal que sea incoherente.  Sé lo que quiero, pero no sé cómo lograrlo.  Y en la pelea por tener lo que quiero, darme cuenta de que no será como siempre lo quise o que simplemente no sé como obtenerlo, es normal que un día esté tranquilo y otro no. 

Ayer pude comprobar que no estoy loco.  Que lo que siento es realmente cierto.  Que mi impotencia tiene base sólida y que hay cosas que no voy a cambiar.  Poderlo confirmar con alguien fue a la vez satisfactorio y doloroso.  Es algo así como saber que la pared estaba al frente y correr hacia ella con todas tus fuerzas.  Luego del golpe, te quedan el dolor y la extraña satisfacción de saber que tenías razón.  Puta madre, pero esto no es una pared... es mucho peor. 

No sé qué hacer con todo esto.  No sé qué rescatar, cómo ponderar lo que creo que es bueno y lo que creo que es malo.  No soy buen árbitro y no es fácil recibir ayuda.  Tengo una parranda de alter egos que están tanto o mas confundidos y tú que me lees, me escuchas, me hablas, me haces barra y no quieres que esté así... pero es duro aprender en el pellejo de otro.  

Muchas cosas me preocupan.  Más recientemente, mi no improvisado silencio.  Yo no soy así.  En la búsqueda de no ser tan intenso, no sólo me callo las cosas, sino que aparte hago caso omiso a mis reclamos internos: si algo no me gusta, rápidamente acepto que no tengo razón.  No quiero pelear, básicamente porque siento que no sé hacerlo.  En realidad, no quiero pelear con nadie que no sea yo mismo.  Me estoy alejando, lo sé.  Y esta nueva etapa, que encuentro desgastante y poco productiva, no me gusta. Me da miedo. 

Y decidí escribir esto para dejar constancia de que no me siento bien.  De que mi proceso mental es muy complejo.  De que siento que no soy feliz porque esto no es lo que yo quería.  Pero que muy rápido se me pasa y que vuelvo a empezar por razones que no entiendo y miedos que desconozco o que no quiero enfrentar.  No es lo que yo esperaba, sin duda.  Pero tampoco hay garantía de que después de tanto idealizar, habría de llegar como lo añoré.  Y yo tampoco soy perfecto.  Esto no es todo culpa mía; pero aunque con aplausos, abrazos y golpes trates de hacerme entender, estar en la posición donde su simple cercanía hace que olvide todo, jode más que todo lo que antes había conocido. No sé como manejarlo y para mi reconocer que es algo que no sé hacer, duele el doble.  

Mi confusión, mi amarga confusión, es que abrirle la puerta a los sentimientos y tratar de ser racional no es un oficio que domine.  Mi error, puede ser este afán de querer dominarlo a juro.  

No me siento bien, pero no estoy triste.  Me siento sólo, pero no lo estoy.  Aunque en realidad todo eso cambia radicalmente y yo no controlo ni las variables ni la ecuación. 

Lo siento, lo siento mucho.  Literalmente.  


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