Pedazo 2: El dolor y el miedo

Soy un intento cíclico, no consumado e imperfecto de perfeccionismo.  No sólo no me gusta fallar, sino que a lo largo del tiempo me he dado cuenta de cuánto me cuesta afrontarlo, aceptarlo y superarlo.

Insisto en decir que soy muy inteligente para algunas cosas, mientras que para otras no tanto.  En realidad puedo quitarle el plural a la segunda frase con la única intención de darle énfasis a lo que más me afecta: en el plano sentimental, mi IQ es a veces comparable con el de una estrella de mar.  Por aquello de bruto, pero bonito.

Lidiar con el hecho de que me cuestan las relaciones amorosas ha sido todo un tema en mi vida adulta.  No he dado con la fórmula y de nuevo, sigue siendo tarea pendiente.  Pero a lo que vamos, que reconociendo que eres imperfecto, vulnerable... viene la carga de dolor y miedo cuando metes la pata.

Así me pasó después de superar la negación en lo que vino después del divorcio.  Encontrarme conmigo mismo, el resultado de la gran cagada que había puesto y un montón de cosas rotas me dio profundamente en el alma.  Y duele por muchas razones, pero sobre todo más cuando el nivel de traición supera incluso todo miedo que pudiste haber sentido: te salió incluso peor que cualquier escenario negativo que pudiste imaginar.

Yo siento hoy que muy probablemente nunca vuelva a confiar en nadie, como para entregar de la manera que alguna vez lo hice.  Sé que tengo una capacidad absurda y ridícula de entrega.  Pero de manera natural el dolor se transforma en miedo, y prefiero seguir adelante cuando menos reconociendo que me dieron en la madre, en la médula de mi ego.

Que no sirvió de nada darlo todo. Aunque sé que la cagada fue darle todo a la persona equivocada, que quede claro que en un momento amé tanto y tan profundamente que cualquier juicio crítico estaba cegado.  Justo por eso entendí que el dolor y el miedo te acompañan por un buen rato, porque fuiste tú mismo el causante de tu propia pena.  ¡No en vano sufrí horrores para lograr perdonarme!

Aprendí que me cuesta mucho reconocer que me han herido. Que me duele mucho y que lo que viene después me da un miedo terrible.  Sabiendo que puedo engañarme, aceptar que me hirieron como nunca en la vida y que eso me hace sentir miedo de volver a estar con alguien es un primer paso para lograr tener paz conmigo mismo.

La cagué, sí.  Me da miedo, mucho.  Duele, como nunca antes sentí con nada.  Pero la vida continúa.

En medio de mi humana imperfección, es perfectamente humano aceptar que eres vulnerable, que estas cosas pasan y que es justamente cómo avanzas lo que cuenta.  El dolor eventualmente pasa y el miedo... pues del miedo se aprende y eventualmente se controla, para convertirlo efectivamente en experiencia.

Yo no sabía que me iba a ir tan mal.  Peró ahora sé que siempre, siempre, siempre podré estar mejor.



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